
“Mira, tú dabas lección a mucha gente, infundías vigor a las manos caídas; tus razones sostenían al que vacilaba, robustecías las rodillas endebles. Y ahora que otro tanto te toca, te deprimes, te alcanza el golpe a ti, y todo te turbas?”. (Job 4:3,5)
Llama mi atención este capítulo y en especial estos versículos, pues estas son palabras que Elifaz le habló a Job cuando estaba pasando aquel momento tan difícil en su vida. Comienza recordándole a Job cómo cuando otros habían pasado por momentos de dificultad él los había ayudado a fortalecer sus manos débiles. También de cómo le había dado palabras que hacían que las personas reflexionaran y enderezaran sus pasos y de cómo esforzaba las piernas que decaían. Sin embargo también Elifaz desea llevarlo
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